sábado, 12 de marzo de 2016

Deseando amar (Wong Kar-wai, 2000)

¿Dónde termina la emulación y comienza una verdadera implicación emocional? ¿Se puede jugar con fuego y evitar la quemadura? ¿Es posible trazar una línea infranqueable y dejar los sentimientos tras ella? ¿Tenemos control sobre su génesis?  ¿Hasta qué punto es posible mantener una relación a un nivel platónico, basada en la represión y la sublimación? 
Deseando amar es una de esas películas que, sin que te des cuenta, se instalan en tu memoria a través de la retina, para quedarse.

El argumento es sencillo, aún así, abruma la cercanía en su retrato de la naturaleza humana, frente a la fuerza inclemente del deseo. Chow y Su Li-Zhen viven en el mismo edificio. Los empleos de sus respectivos cónyuges les obliga a ausentarse, y, como consecuencia de ello y a repetidos encuentros fortuitos, cada vez pasan más tiempo juntos. Poco a poco se va forjando una amistad entre ellos. En un momento dado, descubren que sus parejas les son infieles. A partir de entonces deciden comportarse como los otros, como si ella fuera su esposa y él su marido. Actúan y hablan como si fueran ellos. ¿Son sólo conversaciones hipotéticas, fingidas? O, ¿acaso, a través de las máscaras de los adúlteros, están poniendo voz a sus propias emociones?

Todo esto se nos presenta a través de un magistral río de imágenes y música, que se convierte en el diálogo de algunas escenas. La fotografía, sublime en su juego de espejos, el manejo de la cámara lenta, la maestría de los espacios cerrados y el detallismo con el que retrata la vida cotidiana.
En este marco estéticamente intachable, los personajes se precipitan hacia una espiral de la que pocos pueden salir bien parados, en lo que lo importante es aquello que se oculta y sólo se intuye. No flaquean en su pacto (no rebajarse al nivel de sus cónyuges,"no podemos ser como los demás"), no se abandonan a sus sentimientos, lo que hace que estos se magnifiquen aún más. ¿Cómo soportar la tensión? Sus deseos son tan intensos que parece que puedes escuchar a los personajes dándoles forma y palabras; sin embargo, Wong Kar-wai los somete a una represión continua, con la ayuda de las cadenas de la Moral y la Racionalidad. ¿Hasta qué momento pueden dos adultos arriesgarse a dejar atrás toda la vida conocida, enfrentarse al "qué dirán", comportarse como extraños a sí mismos,  por mor de una pasión abocada a ser efímera? Somos adultos,¿no es así? Es posible mantener el control para evitar herirnos, ¿verdad?
No puede sino elogiarse las interpretaciones de Tony Leung (Chow) y Maggie Cheung (Su Li-Zhen). Él, elegante y comedido, tras cuyos ojos ruge una tempestad, cautiva, Después de esta película, se convirtió en uno de mis "eternos favoritos". Bien merecido Premio al Mejor Actor en Cannes. Ella no se queda atrás, exquisita en su sutileza.

Creo firmemente que Deseando amar es el tipo de drama que necesita nuestra generación, en la que reina la aceleración de acontecimientos y las escenas explícitas (no me refiero sólo a las de contenido sexual). Verbalizar y mostrar todo hace que la historia pierda su magia. Lo que se intuye tras el velo, la promesa imposible, lo prohibido, o lo que no nos permitimos alcanzar es, en cambio, una fuerza tan humana como arrasadora.

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